El universo de “Patria” se desarrolla en un pueblecito cercano a San Sebastián, donde dos familias, muy unidas por la amistad y la complicidad, por circunstancias de la violencia (disfrazada de política) rompen de manera repentina. El libro es para mí, además de una historia tan infeliz como hechicera, una rotunda condena de la violencia, de los fanatismos e ignorancias que la suscitan; una descripción muy sutil de la degradación moral que ella provoca en una sociedad que corroe sus valores, enemistando y envileciendo a la gente, destruyendo las instituciones y las relaciones humanas.

La víctima central (Txato) es un Vasco, padre y esposo de una de estas familias amigas, pequeño empresario de transportes ajeno a cualquier posición política, uno de a pie, uno tan de pueblo, de aquel que ETA (organización terrorista nacionalista vasca que tuvo como principal objetivo la construcción de un Estado Socialista que pretendía su independencia de España) predicó defender y proteger, pero que terminó aniquilando por rehusarse a pagar cupos para financiar atentados criminales. A su muerte, muy triste e injusta, es inevitable no pensar en aquella frase que Pierre Victurnien Vergniaud (algunos se la atribuyen a Danton) acuñó y que se aplica a este tipo de historias reales: “Es de temer que la revolución, como Saturno, acabará devorando a sus propios hijos”.

Las gentes de Patria no son de héroes ni de grandes villanos, sino de seres comunes y corrientes. Comparto con Mario Vargas Llosa la idea de que “los personajes más interesantes (en Patria) no lo son porque posean virtud excepcional alguna, sino por la crudeza con que la violencia física y moral se abate sobre ellos, condenándolos a unas rutinas hechas de hipocresía y silencio, y por la resignación con que soportan su suerte, sin rebelarse, sometiéndose a ella como si se tratara de una tragedia natural inevitable”.

Al principio, se diría que todos los vecinos hacen causa común con la subversión; pero a medida que nos vamos acercando a la intimidad de las familias, y las escuchamos hablar en voz baja, sin testigos, comprendemos que la gran mayoría de los vecinos disfraza sus sentimientos porque tiene miedo, un pánico que los acompaña como su sombra.

¿Es una novela de buenos y malos? No es una novela de buenos y malos, en este libro hay personajes que cometen actos de maldad, considero que los seres humanos somos muy complejos (porque incluso un criminal tiene facetas buenas) y precisamente “Patria” devela tal complejidad. Es mas bien una mirada directa hacia las víctimas y victimarios de la insania política (o de la violencia disfrazada de política), que se alimentan de conceptos quimera tales como el Nacionalismo, socialismo, españolismo; etc.

A pesar de lo que yo pueda decir, considero que Aramburú evita con buen tino las disquisiciones ideológicas, limitándose a mostrar, a través de episodios escuetos cómo toda una sociedad de gentes sanas, sin misterio, va siendo arrastrada poco a poco, concesión tras concesión, a la complicidad y a veces a las peores vilezas que el extremismo genera.

Me he sentido verdaderamente interpelado al leer esta novela, al punto de preguntarme sobre si yo acaso podría conseguir perdonar la hipotética muerte de mi padre en manos de un terrorista, o si más bien, habría defendido a un hijo mío, como Miren lo hace con Joxe Mari, en caso estuviera en la cárcel por ser miembro de ETA. Cómo se vive el hecho de que te maten al padre? Qué sentirías si es tu hermano o tu hijo quien decide el camino del terrorismo? Qué siente el terrorista en el preciso momento en que decide disparar a una víctima y ésta última lo está mirando a los ojos?

Los personajes merecen, cada uno, un artículo propio: el Jxato, Arantxa, Bittori, Miren, Jose Mari, Xavier, Nerea, Gorka, Joxian; seres maravillosos, cada uno protagonista de un drama que confluye en medio de la violencia política que manchó de sangre y ensombreció de dolor para siempre a España.

Finalmente es el “Perdón” el otro gran protagonista de esta novela, acaso porque derrumbó en mí los prejuicios sobre los cuales he construido un concepto (y que sospecho muchos comparten). Los últimos libros y debates sobre Sendero y el MRTA me hicieron creer que era necesario que Polay y Guzmán se dirigieran al país pidiendo perdón por tanto destrozo y dolor causado, ahora pienso que el perdón depende de cada persona, de como ésta haya interiorizado el drama vivido. A partir de “Patria” pienso y siento que el perdón sincero es íntimo, al punto tal que quien sufrió una pérdida no tendría porqué dar una respuesta frente al perdón. En Patria se aborda una opción posible de Perdón porque, valgan verdades, el perdón no es algo posible de teorizar.

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