En defensa del nuevo Nobel de Literatura.

No debo negar que la nominación de Bob Dylan era poco esperada (mucho menos imaginada) para el universo de los aficionados a la lectura y, sobre todo,  de los entendidos en literatura, a pesar de haber estado en la nómina desde finales de los 90.

Particularmente me costó un poco digerir el mensaje  que la Academia le dió al mundo y es que en realidad esa falta de rapidez por captar el fondo de que sea Dylan y no otro, me permitió notar que me encontraba también en medio de ese multitudinario ejército de personas que viven atrapadas dentro del vicio de lo parametrado y preestablecido. Lo que ha hecho la Academia le hace bien a las Artes Literarias y a la Cultura en general: Romper Paradigmas Limitantes.

Comparto con Uds. el mejor artículo que he leído hasta ahora (escrito por Víctor Vich, un verdadero entendido) a propósito del verdadero sentido del porqué la Academia tomó esta acertada decisión. Me quedo con lo dicho inicialmente (con todo lo dicho en realidad): “El premio Nobel concedido a Bob Dylan es una de las mejores decisiones que la Academia sueca ha podido tomar en los últimos años. Es, sin duda, una decisión que contribuye a legitimar los cambios que los estudios artísticos y literarios han venido afrontando en las últimas décadas”.

ARTÍCULO ESCRITO POR VICTOR VICH. (https://ojo-publico.com/310/un-nobel-para-bob)

¿Por qué es bueno que una estrella del rock reciba el mayor premio literario del mundo? La decisión de la academia sueca confirma que lo literario es algo que, por principio, siempre se sale de su lugar. En esta columna el crítico literario Victor Vich sostiene que este reconocimiento premia el origen arcaico de la poesía, “ese momento donde ella y las artes estaban todas mezcladas unas con otras”.

 

Una sociedad abierta es una sociedad donde todo puede cambiar de posición. La revolución ocurre cuando las cosas se salen de su lugar.  El poder deja de estar concentrado, las jerarquías caen y la realidad se entrevera toda. Es el autoritarismo el que entiende que las cosas son un todo autosuficiente y cerrado donde nada debe estar en revisión. En las artes ha sucedido algo así. Las fronteras entre ellas son cada vez más porosas e, inclusive, al interior de cada una todo está siempre en cuestión. El premio Nobel concedido a Bob Dylan es una de las mejores decisiones que la Academia sueca ha podido tomar en los últimos años. Es, sin duda, una decisión que contribuye a legitimar los cambios que los estudios artísticos y literarios han venido afrontando en las últimas décadas.

Este premio afirma que la discusión sobre qué es el arte y, más específicamente, sobre qué es lo literario nunca está cerrada.

Bob Dylan es el Joaquín López Antay del siglo XXI. ¿Puede el nobel de literatura ser otorgado a una obra que no es “propiamente” literaria? Sí se puede; se ha podido. ¿Puede entregársele a un personaje mucho más asociado con la cultura popular de los sesentas que con la “alta” cultura del mundo letrado? Sí se puede; se ha podido.  ¿Es Bob Dylan un artista notable? Sí, lo es. Digamos que este premio premia al origen arcaico de la poesía, ese momento donde ella y las artes estaban todas mezcladas unas con otras.

Este premio afirma que la discusión sobre qué es el arte y, más específicamente, sobre qué es lo literario nunca está cerrada, pero afirma, al menos, que lo literario es algo que por principio siempre se sale de su lugar. Son los críticos (y algunos artistas) quienes han inventado para la literatura un territorio seguro y supuestamente estable. Este premio premia a los lectores, perdón a los oyentes  (es la costumbre…) quienes desde niños hemos sentido profunda conmoción al escuchar estas bellísimas canciones. Lo que creemos seguro, nunca lo está. Las piedras están rodando, y están siempre cayéndose. La vida es así. Te abrazamos mucho, querido Bob.

 

¿Es que se puede estar en paz en los tiempos que corren, cuando se tiene algo de sensibilidad?

Pude leer ésta provocativa pregunta en el reverso de la tapa del último libro que leí hace un par de semanas: “Guerra y Paz” (en la edición de Penguin RandomHouse), una de las obras cumbre de Lev Tolstoi.

Debo advertir al lector que a pesar de no ser un crítico experimentado, tengo la sensación de que el mundo descrito en la novela posee un toque autobiográfico ya que Tolstoi perteneció a una familia ligada al círculo de la nobleza rusa del siglo XIX; y sobre la cual describe con precisión y detalle los vicios que la aquejaban: la vanalidad, las desmedidas ansias de poder, el culto a los títulos y la riqueza, y el desprecio por los sirvientes y campesinos. Más allá de ésta mención, en Guerra y Paz se reflejan todas las variedades posibles de una sociedad compleja como la rusa (de inicios del siglo XIX) siendo una novela que, aunque extensa (y a veces excesivamente descriptiva), me permitió conocer y comprender el sentido de la verdadera raíz que originó la revolución rusa un siglo después.

Debo confesar al lector que en un primer momento la Guerra fue el elemento que mayor atracción me despertó. Es inevitable no deslumbrarse con la forma en que se describen las batallas de Austerlitz, Borondinó o el incendio de Moscú; revelando así el sentido nacionalista y militar de la época, que exalta la guerra, la tradición y las aparentes virtudes del pueblo ruso para afrontar sus gestas. No sería exagerado decir que es una especie de “cantar de gesta” a la manera en cómo el pueblo ruso en su conjunto rechazó los apetitos imperialistas de Napoleón Bonaparte (“el enemigo de la humanidad”).

Sin embargo, también debo admitir que es necesario tomar con cuidado la manera en cómo se debe percibir a la guerra como instrumento de reivindicación y reconocimiento. Considero que principalmente Tolstoi expone el horror y las heridas que abren las guerras, la despiadada sangría que implica su ocurrencia, el dolor y la injusticia con que golpea a los hombres “comunes” y corrientes que constituyen a la inmensa mayoría de sus víctimas. Es importante señalar que la manera en cómo describe los horrores de la Guerra en ésta novela pueden estar ligadas al hecho de que Tolstoi se vió alcanzado por esta terrible realidad debido a su participación en la Guerra de Crimea, que al parecer dejó en él amargas experiencias sobre las que mencionó lo siguiente: “He adquirido la convicción de que casi todos eran hombres inmorales, malvados, sin carácter, muy inferiores al tipo de personas que yo había conocido en mi vida de bohemia militar. Y estaban felices y contentos, tal y como puede estarlo la gente cuya conciencia no los acusa de nada”.

En Guerra y Paz todo ese dolor se ve reflejado con maestría, permitiéndonos concluir inevitablemente que la guerra no distingue de clases, títulos ni garantías que permitan evadir el alcance de sus consecuencias (dolor, soledad, muerte, odio). Sería temerario de mi parte pretender sintetizar aquí todo el dolor y la angustia que Tolstoi le presenta al lector en relación a la guerra y sus consecuencias;  podría sí tratar de reflejar en una frase lo que para mí significa la guerra, cambiando para tal propósito el sentido de lo dicho por Gabriel García Márquez (“El coronel no tiene quién le escriba”; pág. 59) concluyendo que “la Guerra es la Cosa peor que se ha inventado”.

Dicen que la historia está escrita por los vencedores de las guerras (si me permiten la paráfrasis), y creo que en esa frase de alguna manera busca justificar y ocultar las terribles acciones de quienes imponen sus ambiciones en desmedro del dolor de quienes sufren sus consecuencias, y en favor del reconocimiento del apetito desmedido de quienes detentan el poder desmedido, promocionando al poder (mal concebido) como el mecanismo que legitima, gestiona y satisface los caprichos del poderoso o los poderosos de turno en nombre y a favor de los pueblos sedientos de “gloria” y reconocimiento.

Pese a todo lo dicho, también pienso que “Guerra y Paz” principalmente tiene que ver con la Paz y con los personajes que luchan por ella, destacando, entre muchos al General Kútuzov y a Pierre Bezújov, éste último personaje reflexivo, lleno de dudas y siempre sediento en su búsqueda por la verdad, descollando en medio de un mundo lleno de desesperanza alcanzada por las sombras de la guerra y la muerte. No sé si el lector sienta lo mismo pero soy de los que cree que es muy difícil no admirar a aquellos seres humanos que logran superar las condiciones más terribles y adversas apelando a la alegría, la esperanza, la unión y sobre todo el amor.

Finalmente concluyo diciendo que a pesar de las cosas terribles que se describen en “Guerra y Paz”, me queda la sensación de que pese a todo lo malo que nos pueda ocurrir o que pueda haber en la vida, haciendo las sumas y las restas, a pesar de las gentes viles que se salen con la suya, lo bueno y los buenos son de lejos muchos más que lo malo y que los malos; las sensaciones de plenitud son mayores que las de odio y que a pesar de lo peor que la humanidad arrastra, nos vamos redimiendo y mejorando en comparación al pasado, o en todo caso, al mundo aquel que Tolstoi pretende plasmar.

Bienvenidos

El lector podrá advertir desde el momento en que se topa con el diseño de éste blog que soy (por ahora) una persona completamente ajena al mundo de las páginas web y los blog (insisto, por ahora). Paso a formar parte de la evidencia de que todo primer paso resulta ser el paso más difícil cuando se trata de emprender algún tipo de proyecto (nuevo), sea éste “grande o pequeño”.

Parto por el “aparente”  hecho de que cuando uno empieza algo, se enfrenta necesariamente a una serie de creencias limitantes que además te pueden conducir hacia dos consecuencias si uno es presa de esas creencias: No hacerlo porque encuentras la excusa para no hacerlo o; simplemente no hacerlo por temor a que las cosas no salgan “bien” (que termina convirtiéndose en lo primero).

Lo que pretendo de este espacio (o “pequeño” proyecto) es que sea uno que refleje no sólo lo que pienso, sino también lo que SIENTO (tan mal visto en tiempos de carnicera competitividad) en relación a una serie de mitos y “verdades” que día a día nos proponen los medios de información, además de los que escuchamos en casa, en el trabajo y en todos aquellos espacios donde compartimos puntos de vista con alguien.

Debo confesar al amable e inteligentísimo lector que pretendía hacer algo de política en este espacio; sin embargo, debo ser honesto desde ya: NO SOY POLÍTICO y por tanto no hablaré SOLO de política. Tampoco pretendo ser uno de aquellos “todistas” que pregonan saber todo y de todo y que tras de ello ocultan una sutil forma de inseguridad. Aquí quiero COMPARTIR, y es precisamente en el ejercicio de aquel bendito verbo que inicio mi aventura bloggera. Tengo también el propósito de aplicar mucha mayéutica cuando los hechos se tornen confusos al momento del análisis.

No está demás recordar al lector que es completamente libre, dentro de los cánones esenciales del respeto y la tolerancia, de compartir sus opiniones y/o conocimientos con éste novato bloggero.

Y como para darle un toque de bienvenida alegre, comparto este gran concierto.